viernes, 21 de octubre de 2011

Una votación de locos

Por María Alejandra Raffinetti y Carolina Zangoni

Por primera vez, los locos dijeron: ¡Presente! A partir de la nueva Ley Nacional de Salud Mental, sumado a la nueva Ley de Democratización Política, la Transparencia y la Equidad Electoral se contempla a la persona institucionalizada en centros neuropsiquiátricos como sujeto con personalidad jurídica y, como tal, con el deber de ejercer su derecho a votar.

Tras la implementación de la Campaña Piloto por el Derecho al Voto de las Personas Usuarias de los Servicios de Salud Mental, impulsada por organizaciones sociales conjuntamente con sectores gubernamentales, los internos pudieron preseleccionar, junto con el resto del país, los candidatos que participarán en los comicios generales del domingo. Ya en 2003, se había implementado un modelo de votación simulada en el Hospital Borda, y el escrutinio tuvo resultados equivalentes a las elecciones “extramuros”, pero fue tan sólo eso, una simulación. Pero mientras “afuera” el clima preelectoral se hace tangible a través de los afiches pegados en la calle, los spots publicitarios que, de manera recurrente, hacen recordar que cada vez falta menos para las elecciones, “adentro” sólo prima el silencio y la confusión. “¿Todavía tengo tiempo para empadronarme?”, “¿yo puedo votar?”, ¿dónde está mi documento, me pueden ayudar?”.

“No votan más que por desinterés, no por desinformación”, declaró Guillermo Hönig, jefe de internación del Borda. Y agregó: “Es un falacia que éste sea el primer año en que pueden votar. Estoy hace 24 en el hospital y siempre pudo votar el que no estaba inhibido y tenía su documento”. Mariano, un interno del hospital, planteó un escenario que lo desmiente: “Estando ya internado, fui al mismo lugar de votación de siempre y me encontré con que no figuraba en el padrón. Entonces, me di por excluido. El razonamiento que hice fue: ‘Estoy en el Borda, me borran del padrón. Listo’. Fue en ese momento, en el que me empecé a tomar conciencia lo que es estar en un hospital psiquiátrico. Es clarito que esto no es vida. Dio la casualidad, que esta vez hicieron las Primarias y fui más que nada para pasear. Y finalmente, pude votar. Nunca me imaginé que iba a estar empadronado”. Otros, manifestaron con naturalidad: “No, yo no puedo votar porque estoy internado”.

También están los casos como el de María, que no sólo es una ex interna, sino que además es una de las encargadas de hacer el informativo de la radio La Colifata, la primera en el mundo en ser transmitida desde un neuropsiquiátrio. “Yo siempre voté, a mí no me borraron, sólo estuve 21 días internada en el Moyano cuando falleció mi madre, pero cuando vi lo que era eso me fui. Pero los pacientes psiquiátricos que están bajo juez, están borrados del padrón. No pueden votar. Esta vez, va a haber una experiencia diferente. Desde que está la radio, hace 20 años, se hace lo que llamamos el voto simbólico para los que no tienen el DNI. Este año, los pacientes que están con el documento, se le va a poner el sello como que cumplió con la Ley, o sea, votó”, contó la Abuela, como acostumbran llamarla.

La indocumentación es un gran inconveniente, sin embargo, los obstáculos parecieran ser muchos. “En el FAB (Frente de Artistas del Borda) se tocó el tema de las votaciones, pero no pude ir porque no tenía plata”, manifestó uno de los talleristas que no pudo viajar hasta su urna.

Mientras los colifatos organizaban los equipos para poder hacer el programa de radio, como todos los sábados, las sillas se disponían alrededor de la consola para que todo aquel que quisiera colaborar pudiera hacerlo. En ese proceso, Hugo de 77 años, un ex interno en tratamiento que se encarga de hacer la columna de humor político, exteriorizó: “Antes, cuando estabas internado no podías votar. Sólo se hacía una votación ficticia. Era algo virtual como las comidas que suelo hacer en la radio, en las que invito a imaginar que comemos salmón rosado, coctail de camarones o chocolate suizo. Hago una cosa de mentira. Comemos lo que nunca podemos comer. Así eran esas votaciones antes, una ficción”.

Para otros internos como Adrián, el “verdadero hijo de Perón”, las primarias significaron su primera oportunidad para votar. “Sentí una emoción muy fuerte”, así lo resumió. Ni bien terminó de decir eso, Hugo comentó por lo bajo: “Hay delirios como el de Adrián, que cree ser el hijo de Perón, pero el resto de la gente también tiene sus delirios”.

En una Argentina donde el más cuerdo es el más delirante, estos cambios forman parte de un proceso que recién se está gestando. “Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven.” Las palabras de José Saramago son una parábola de estos tiempos, en el que ciertos sectores de la sociedad fueron invisibilizados durante largos años.
“Los pacientes se sienten excluidos porque hay mucho abandono cuando uno se enferma”, se atrevió a definir Hugo. Él cree que “hay que enseñarles a volver a la vida” en “ese gran manicomio que es el afuera”. Un afuera al que desafía y en donde “no quisiera ser idiota a causa de ser feliz” porque “el idiota no lucha por dignidad de vida, no se da cuenta”.

La lucha empieza por conocer los propios derechos, entre ellos el de la participación plena y efectiva en la vida política y pública, incluidos el derecho y la posibilidad de las personas con discapacidad a votar y ser elegidas.

Una apuesta por la inclusión. por María Raffinetti y Carolina Zangoni

Una apuesta por la inclusión

Por María Raffinetti y Carolina Zangoni

Erica Almeida, psicóloga e integrante del Programa Salud Mental del INADI, cuenta los detalles de la Campaña Piloto por el Derecho al Voto de las Personas Usuarias de los Servicios de Salud Mental.

¿Cómo nació la Campaña y cómo fue evolucionando?
Varias organizaciones, tanto del Estado como de la sociedad civil, veníamos trabajando en torno a la implementación de la Ley Nacional de Salud Mental y al reconocimiento de las personas usuarias de servicios de salud mental como sujetos de derecho, con voz y voto.

Es así que, a partir de su participación en un espacio intergubernamental e intersectorial, llamado Mesa Federal de Salud Mental, Justicia y Derechos Humanos, el INADI propone la posibilidad de hacer una Campaña Piloto. Esta propuesta surge hacia fines de junio, a raíz de un diálogo mantenido entre el INADI y la Dirección Nacional Electoral (DINE) en el marco del GRUTAEL (Grupo de Trabajo sobre Accesibilidad Electoral). Nos pareció fundamental llevar adelante esta experiencia para luego poder proponer nuevas medidas de accesibilidad electoral y, además, otras relacionadas con la implementación de la Ley de Salud Mental y la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD). Fueron más de diez organizaciones de la sociedad civil, las que asumieron el impulso de la campaña y nosotros, desde el Estado, brindamos el apoyo técnico.

¿Cuáles son los objetivos del programa?
Si bien el fin de la Campaña es promover el derecho a votar de las personas usuarias de los servicios de salud mental (PUSSAM) y revertir la histórica segregación de este grupo en lo que hace al ejercicio de sus derechos civiles y políticos, esta iniciativa se plantea como experiencia piloto para avanzar en el diseño de un plan nacional que garantice el ejercicio derecho a la participación política de las personas usuarias de los servicios de salud mental. Se inscribe como un paso en la implementación de la Ley Nacional de Salud Mental y de la CDPD, y forma parte de la lucha que las propias personas con discapacidad están conduciendo a nivel global.

¿Por qué no se alcanzaron dimensiones nacionales?
Porque todavía existen diversas barreras sociales que es necesario remover, tanto desde el Estado como desde la comunidad en su conjunto. Se suma que aún muchos trabajadores de la salud mental y miembros de la comunidad no ven a las PUSSAM como ciudadanos. Estamos en proceso para promover y garantizar la participación. Esto va a implicar el diseño de un plan de trabajo a mediano plazo que involucra a la Dirección Nacional de Salud Mental y Adicciones, a la Dirección Nacional Electoral, al INADI, a la Secretaria de Derechos Humanos, a la Cámara Nacional Electoral, a las Direcciones de Salud Mental provinciales y a las Cámaras Electorales Provinciales, entre otros actores.

Y, al momento, ¿cuáles son los alcances?
Como parte de la experiencia piloto, participan de manera voluntaria algunos centros de salud mental de la provincia de Buenos Aires, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y de la provincia de Jujuy. Se invitó a otros centros para que participaran de la iniciativa pero aún no hubo respuesta, como pasó con el Hospital Moyano y el Borda.

Teniendo en cuenta que la experiencia recién se está definiendo, ¿cómo se organizan?
Nos organizamos tomando en consideración las dos instancias previstas para estas elecciones, las primarias (PASO) y las generales. La experiencia involucró planificar el desarrollo de actividades previas, durante y posteriores a los comicios. Primero, redactamos un documento de presentación de la Campaña. Después tuvimos que armar guías sencillas de capacitación sobre el proceso eleccionario dirigidas a los referentes y directores de las instituciones, porque hay muchas personas que se encuentran en centros de salud mental y nunca votaron o no recuerdan el procedimiento. Además, diseñamos talleres sobre el derecho al voto y sobre formación electoral. Durante los días de sufragio, planificamos hacer seguimiento y acompañamiento de la participación de las PUSSAM. Y por último, al menos por ahora, evaluamos lo actuado durante la experiencia para elaborar un informe final con recomendaciones. Todo este trabajo se sostuvo realizando reuniones semanales y organizando comisiones de trabajo como las de capacitación y comunicación.

Y en cuanto a materia legislativa, ¿cuáles fueron los avances en los derechos cívicos de las PUSSAM?
En 2008 Argentina ratificó la CDPD, que establece la obligatoriedad de que los Estados reconozcan la titularidad de derechos y garanticen su ejercicio pleno, en igualdad de condiciones para todas las personas con discapacidad.

En el 2009, se promulga la ley 26.571 que modifica el Código Electoral Nacional y habilita a votar a las personas que se encuentran en centros de internación (excepto las declaradas insanas en juicio) y a las personas sordas imposibilitadas de darse a entender por escrito. Ambos grupos estaban excluidos del padrón electoral hasta la mencionada reforma.

En 2010 también se aprueba la Ley Nacional de Salud Mental…
Sí, la Ley 26.657 parte de la presunción de capacidad de todas las personas e incorpora el art. 152 ter. Establece que todas las sentencias de incapacidad “deberán especificar las funciones y actos que se limitan, procurando que la afectación de la autonomía personal sea la menor posible”. Entonces, una persona declarada incapaz debería poder ejercer el derecho a votar salvo que, expresamente, el juez limite ese ejercicio a través de la sentencia correspondiente.

Un jefe de internación del Borda le dijo a este medio que los internos que tenían acceso al DNI siempre pudieron votar...
Sabemos que hay hospitales monovalentes que siempre promovieron, dentro de sus posibilidades, la participación de las personas usuarias en los comicios. Los requisitos para poder votar son que la persona tenga su DNI, que esté empadronada y que no haya sido declarada insana en juicio. Antes de la reforma de 2009 las personas que estaban internadas en centros de salud mental quedaban automáticamente excluidas del padrón electoral por ese solo hecho.

Tenemos por delante un importante trabajo para garantizar que las personas que se encuentran en centros de salud mental cuenten con sus DNI y se revise su situación judicial. Aún son muy pocas las que efectivamente pueden votar.

¿Cómo cuáles?
Entre ellas podemos mencionar que muchas de las personas que se encuentran en centros de salud mental no tienen DNI o no se tiene información sobre su identidad y figuran como NN, o no figuran en el padrón electoral. Como consecuencia de los años de internación, otras perdieron el interés en la participación política o requieren capacitación. Y si fueron declaradas insanas, es necesario revisar su situación. Otra dificultad es que muchas personas internadas viven lejos de sus locales de votación, los principales hospitales monovalentes están en la provincia de Buenos Aires y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Por ejemplo, una mujer no fue a votar porque planteó que el viaje era muy largo desde su centro de internación. Salir de la lógica que supone que uno es un objeto (donde un tercero toma las decisiones por uno) y pasar a considerarse un sujeto con derechos y con deberes no es fácil y demandará un largo proceso de trabajo.

¿Cómo se podría interpretar la suma de todos estos cambios a nivel estructural?
Estamos comenzando a dejar atrás un modelo manicomial en salud mental, en el que las personas eran concebidas como objetos de tutela y protección y se les negaba su capacidad para tomar decisiones e insertarse en la comunidad, y estamos avanzando hacia un modelo comunitario. Aún en muchas instituciones sigue vigente la visión que sostiene que las personas internadas no pueden votar. De ahí que algunos centros no hayan contemplado esta actividad o no hayan contado con los recursos que se requerían. Estamos en un momento de cambio de paradigma que ayuda a derribar barreras sociales en el acceso al ejercicio de derechos.

¿Qué implica ese cambio de paradigma?
Queremos dejar atrás una sociedad en la que las personas que no encajaban en cierta definición hegemónica de identidad, no podía ser parte. Desde el INADI sostenemos que el estigma social de la "locura" es una construcción colectiva que no define lo que una persona es. Nos habla solamente de un acontecimiento transitorio que afecta parcialmente la vida. Con el apoyo necesario esa misma persona puede llevar adelante su vida y ejercer su derecho a trabajar, casarse, votar, tener hijos o lo que ella misma considere lo mejor para sí misma.

Una votación de locos, por María Alejandra Raffinetti y Carolina Zangoni

La lucha de los vicepresidentes

Por Hernán Zanella, Manuela Moyano y Lía Camps

Un nuevo capítulo se escribe en la historia política argentina. Pero en esta oportunidad, quiénes toman el protagonismo no son los candidatos a la presidencia, sino sus vice y las p
eleas constantes que mantienen para intentar alcanzar el máximo poder.

Las próximas elecciones del 23 de Octubre están cerca y la incógnita de siempre reflota en la sociedad argentina: ¿A quién debemos votar? Las primarias han sido un sistema perfecto a modo de parámetro para develar hacia dónde se inclina la balanza entre los distintos candidatos y, al parecer, Cristina Fernández de Kirchner tiene todas las de ganar. Sin embargo, en el momento de votar, poco se tiene en cuenta quiénes son los compañeros de fórmula que apuestan por la vicepresidencia. ¿Cómo es la relación que mantienen con sus respectivos compañeros de fórmula, cuáles son sus expectativas y a qué aspiran en el corto y largo plazo?


Es lógico pensar que los actuales candidatos a la Vicepresidencia aspiren a la sucesión de sus actuales compañeros de fórmula. Aún así, primero deberán mostrar efectividad y fidelidad por la ideología que representan. Es que, planteado el análisis, es ineludible pensar en la pelea de la actual presidenta de la Nación con Julio Cobos por la resolución de la 125 en el 2008.

El histórico desempate de Cobos y su voto “no positivo” en el Senado el 17 de julio de 2008, creó una situación inédita que precipitó una crisis política y que se confirmó con la derrota electoral del oficialismo el 28 de junio de ese mismo año: Un vicepresidente en plena actividad laboral haciendo campaña electoral desde la oposición. Una situación sin precedente.

Quizá por miedo a tropezar dos veces con la misma piedra Cristina Kirchner se tomó tanto tiempo para elegir a su vicepresidente, el ministro de economía, Amado Boudou.

Según reveló la presidenta, lo que la llevó a inclinarse por el economista fue el acierto que tuvo cuando le sugirió recuperar los fondos de las AFJP. Además Cristina había declarado que necesitaba al lado a un compañero que no le tuviese miedo a las corporaciones y le fuese verdaderamente fiel (en referencia a Cobos), cualidades que, según ella, Boudou reúne ampliamente.

Por su parte, Eduardo Duhalde sigue jugando las últimas cartas que le quedan. Sabe que una fórmula presidencial que discrepa entre sus integrantes no inspirará confianza a los votantes y decidió intentar una reconciliación con su compañero, Mario Das Neves. Es que al gobernador de Chubut le molestó que Duhalde hiciera tanto hincapié en denuncias de irregularidades en el escrutinio de las elecciones primarias, luego de una derrota por casi 40 puntos. Además el chubutense se mostró junto a la presidenta en un acto provincial y eso crispó los ánimos. De todos modos, Duhalde se acercó nuevamente a Das Neves y, citando a Carlos Menem, aseguró: “Estamos bien, pero vamos mal”.

El diputado nacional Ricardo Alfonsín, de Unión para el Desarrollo Social (UDESO), estará acompañado por el economista Javier González Fraga. Si bien entre los compañeros de fórmula no trascendieron discrepancias públicamente, es sabido que Alfonsín siempre quiso tener al lado al socialista Hermes Binner, por lo que su relación con González Fraga no es las mejores. Y sumado a su alianza con el candidato a gobernador de Buenos Aires, Francisco De Narváez, crecieron las tensiones en un partido que se presenta como radical, pero con alianzas que invitan a la duda.

Elisa Carrió competirá por tercera vez consecutiva por la Presidencia. En esta oportunidad se presentará con el legislador Adrián Pérez. El bajo porcentaje que la diputada de la Coalición Cívica obtuvo en las primarias, la desanimó por completo, y en el momento de enfrentar a los medios en su bunker el día de las elecciones, optó por ausentarse y enviar a Pérez en su lugar. Su imagen quedó un tanto deslucida así como también la relación con su compañero de fórmula, según informaron fuentes desde la mesa chica de Carrió.

Hermes Binner apareció con perfil bajo y con mucho más para ganar que para perder. El santafesino rechazó la propuesta radical y lanzó su candidatura a través del Frente Amplio Progresista junto a la periodista y senadora, Norma Morandini.

También lograron un triunfo parcial los representantes de la izquierda que consiguieron superar el piso del 1,5 por ciento en las primarias para participar de las elecciones definitivas. En esta coalición, el candidato presidencial, Jorge Altamira, representa al Partido Obrero; mientras que el vice, Christian Castillo, es un referente del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). A pesar de haber conformado un frente para presentarse en las elecciones, la lucha entre estos partidos es histórica. Incluso se enfrentaron en los últimos años por la posibilidad de aliarse. Las diferencias persisten y, aunque buscan limar asperezas durante la campaña, el brindis de Altamira con Chiche Gelblung desató la polémica y resurgió la vieja disputa.

En la historia política argentina hubo solo seis vicepresidentes que lograron acceder a la presidencia por la muerte o enfermedad del Jefe de Estado (Carlos Pellegrini, Miguel Juárez Celman, José Evaristo Uriburu, José Figueroa Alcorta, Victorino de la Plaza, Ramón Castillo e Isabel Martínez de Perón) mientras que otros cinco decidieron renunciar, principalmente por diferencias ideológicas: Alejandro Gómez presentó su renuncia en 1958; Vicente Solano Lima en 1973; Víctor Martínez en 1989; Eduardo Alberto Duhalde en 1991 y Carlos Álvarez en el 2000, lo cual precipitó al país a una crisis política que, a su vez, se agudizó al renunciar el presidente y tener que aplicar la Ley de Acefalía.

Los desacuerdos entre presidentes y sus vice ya no son una novedad. Esta inestabilidad institucional que sufre la Argentina dentro del régimen democrático, hace más relevante el estudio del rol del vicepresidente, no sólo para los políticos, sino también para quienes los elegimos.


Inseguridad: un problema a resolver

Por Lucía Castro y Victoria Vergara del Pozo

En sus discursos, los políticos apelan a la sensibilidad y al miedo de las personas para poder encontrar allí complicidad y dar la sensación de protección que todos buscan. Se remarcan constantemente las situaciones violetas para generar necesidad de medidas para cambiar la supuesta caótica realidad.

Los resultados de las encuestas que se han realizado por organizaciones en los últimos años dicen que uno de cada tres argentinos ha sido víctima de algún hecho delictivo durante el último año.

En estas elecciones, los candidatos abordaron el tema de diferentes maneras, poniendo el foco en diversos aspectos. El candidato por la Unión de Desarrollo Social, Ricardo Alfonsín hizo hincapié en las estadísticas de criminalidad comparándolas con otros países de Latinoamérica, sostiene que se ha triplicado en los últimos 20 años. Propone mejorar el sistema de información de los delitos y pone especial énfasis en imponer sanciones a jóvenes entre 16 y 18 años, que hasta el momento son atenuadas por su falta de madurez.

Por su parte, el Frente para la Victoria, propone rever los cargos judiciales y garantizar el cumplimiento de la constitución en ese marco, luchar frontal y totalmente con la corrupción y el delito. Se compromete a garantizar la aplicación estricta de la ley, agilizar los procedimientos penales y además, reformar el régimen de seguridad interior para perfeccionar e integrar el trabajo de las distintas jurisdicciones.

En su discurso de la Coalición Cívica, Elisa Carrió se enfoca en las políticas penitenciarias y en los derechos de las personas privadas de la libertad, ya que según denuncia, dentro de las cárceles padecen condiciones violentas y de abuso permanentemente, agravadas por el encierro y la superpoblación. Además, propone políticas para la seguridad pública y ciudadana, se compromete a prever y asegurar niveles aceptables de protección a la población. Presenta como sus herramientas principales, las políticas de prevención.

Por otro lado Hermes Binner, en el discurso del Frente Amplio Progresista, propone luchar contra el delito a través de una seguridad comunitaria y fortaleciendo a la policía de manera transparente y profesionalizada, como primera medida. Y atender paralelamente las causas sociales de esta situación, con educación y trabajo decente.

El Frente Popular, encabezado por Eduardo Duhalde, prioriza invertir en prevención pero fundamentalmente en la represión del delito. Promete luchar contra los narcotraficantes y prevenir la drogadependencia.

El puntano Alberto Rodriguez Saa, candidato por el Frente Compromiso Federal sostiene que para combatir esta porblemática social, hay que enfatizan en la educación, pero trabajando provincias, municipios y Nación juntos. Cree prioritario, continuar con el perfeccionamiento de las cámaras seguridad.

Proyecto Sur, presentado por Alcira Argumedo, pone el foco en combatir la mega corrupción económico financiera, que según ellos, constituye la base del problema de las fuerzas de seguridad, la corporaciones políticas y el Poder Judicial. Sostienen que los peores crímenes son tapados por los que suceden en sectores pobres y que deben ser investigados.

El candidato Jorge Altamira, por el Partido Obrero, exige la investigación de los delitos impunes.

Sin embargo, el Laboratorio de Investigaciones sobre Crimen, Instituciones y Políticas de la Universidad Torcuato Di Tella; realizo un trabajo para medir el Índice de Victimización (IVI), respecto a cuantos hogares sufrieron algún hecho delictivo en los últimos 12 meses. Durante el mes de mayo del corriente año indica que el 29.8% de los hogares encuestados fueron víctimas de algún delito, haya sido denunciado a las autoridades policiales o no.

Según el Índice de Victimización los porcentajes respecto a cuanta gente fue víctima de un hecho delictivo es: En Gran Buenos Aires el 33.1%, en las ciudades de Tucumán, Rosario, Córdoba y Mendoza el 30.1%. Mientras que la ciudad de Buenos Aires 26.9% y los 34 centros urbanos restantes 27.6% registraron un índice de victimización inferior al índice nacional, mostrando una cifra 2.9 y 2.2 puntos porcentuales menores.

La investigación que realizó el Laboratorio de Investigaciones sobre Crímen, Instituciones y Políticas, demuestra que en la medición del mes de mayo en las poblaciones de este

país con menos de 100 mil habitantes, el 19.8% sufrió algún hecho de violencia delictiva. Mientras que en las ciudades medianas el 27.5% y en las grandes ciudades con más de 500 mil habitantes 30.3% de la población fue víctima de algún delito.

El IVI relacionado a la violencia del robo en mayo del 2010 alcanzo el 16.4%0,2 puntos menos que en mayo del 2009. Mientras tanto, el robo de automotores en la via pública disminuyó 0.3 respecto a mayo del 2009. No obstante, el robo en las viviendas mantuvo los mismos porcentajes este año que en el año 2010.

Según el nivel educativo, los jovenes de nivel de educación secundaria el 34.2% sufrió algún delito, nivel primario 23.7%, mientras que universitario 32.5% durante el año 2011.

Santiago Rossi, el director ejecutivo de la consultora Mora y Araujo, afirma que “entre el 65% y el 70% de los habitantes del Gran Buenos Aires y de las principales ciudades de Argentina ése es su principal problema hoy en día”.

“Hay que abandonar los discursos fáciles”, por Lucía Castro y Victoria Vergara del Pozo

“Hay que abandonar los discursos fáciles”

Por Lucía Castro y Victoria Vergara del Pozo

Según el periodista y politólogo Mariano Roca, la inseguridad tomó tanta relevancia en la campañas políticas ya que en los últimos anos la población se ve muy influida por la televisión y los crímenes violentos ocupan una alta proporción de la cobertura de las grandes cadenas de noticias, sostiene que las tasas no son altas en comparación a otros países, como por ejemplo Brasil, pero que sin embargo, cualquier encuesta realizada en nuestras grandes ciudades va a arrojar que la inseguridad es uno de los mayores problemas que identifican los votantes. De ahí que las campañas políticas, particularmente las de los candidatos de la oposición, centren sus mensajes en el combate al delito y en la lucha contra la inseguridad.

- ¿Hay forma de lograr que se aborde el tema, sin estigmatizar a las personas de bajos recursos o pertenecientes al conurbano, por ejemplo?
La presentación sesgada de los grandes casos de inseguridad en los medios de comunicación contribuye a estigmatizar a los sectores de bajos recursos, en especial a quienes residen en villas miserias o en barrios carenciados. Si bien es cierto que la fuerte brecha social que aún existe en nuestro país contribuye a generar un caldo de cultivo para la proliferación del crimen, no hay una única causa que permita explicar el incremento de este tipo de hechos.
A la hora de utilizar indicadores para decir el grado de inseguridad – cuenta el periodista- se tomar en cuenta en mayor medida las violaciones, los secuestros, tomas de rehenes y asesinatos en ocasión de robo, que son los que más influyen en la sensación de desamparo. El caso de Candela Rodriguez fue muy significativo en este aspecto.

- Una vez plateado como eje de campana, ¿cómo se responde una vez asumido el compromiso de combatirla?
- Existen sólo eslóganes de campaña, como el famoso “mapa del delito” prometido por Francisco De Narváez o la incorporación de nuevos patrulleros que hacen tanto la Nación como la Provincia y la Ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, no se observa un verdadero programa de fondo para atacar las causas sociales que constituyen un verdadero caldo de cultivo para la proliferación del crimen. Hay solamente algunos esfuerzos aislados, pero no se observa un compromiso real con la solución del problema. Tampoco colaboran las fuerzas de seguridad, que arrastran viejos vicios de corrupción y muestran, en muchos de sus efectivos, poco apego por el respeto de las libertades individuales y de las
garantías constitucionales.

- ¿Es en algún punto contraproducente gobernar a un pueblo asustado?
Un pueblo asustado puede ser fácil de convencer, pero ejercer el poder con responsabilidad exige abandonar los discursos fáciles, y abordar los problemas en su complejidad, siendo sinceros con los votantes y advirtiéndoles que no existen soluciones mágicas para este tipo de problemas.

“Estoy orgullosa de volver a votar”

Por Lucía Jermoli

Ana Rosario Aiello, nació el 1 de octubre de 1916 en la Provincia de Buenos Aires, más precisamente en la localidad de 9 de Julio. Hoy a sus 95 años, y luego de no haber votado por 24 años –su último acercamiento a las urnas había sido en 1987, ya que cuando cumplió el máximo de edad de voto obligatorio, dejó de hacerlo-, el pasado 14 de agosto, sintió la necesidad de levantarse a la mañana bien temprano e ir a ejercer su derecho, el de votar.

Es inevitable ver el paralelismo, de esta señora que recién a sus 35 años, pudo votar por primera vez. Luego de que la ley -impulsada fuertemente por Eva Duarte de Perón, luego sancionada por el Senado y finalmente votada favorablemente en septiembre de 1947 por los diputados, en una recordada sesión, que marcó la historia de este país y le cedió a la mujer, un derecho que hasta ese entonces sólo ostentaban los hombres-, y el hecho de que ella vuelva a elegir dar uso a ese derecho que ya no le es obligación cívica en una coyuntura en la que el gobierno de turno reivindica muchas de las banderas del peronismo.

Ana, que es jubilada, dice que hace ya unos años le cambió la vida y agrega que: “Estoy como nunca estuve. Monetariamente estoy re bien, salgo al mercado todos los días y es muy sencillo, me alcanza” y se anima a afirmar “no necesito ninguna experiencia más”.

Cuando Ana se pone a recordar esas épocas en las que siendo joven tuvo la posibilidad de votar por primera vez, se le iluminan los ojos y recuerda una de las anécdotas preferidas de su familia, sobre todo de su nieto Bernabé: “Mi marido era italiano y nunca se hizo la nacionalidad argentina, es por esa razón que no podía votar, pero obviamente intentaba persuadirme para que votara a los comunistas. Yo le decía que sí, pero cuando entraba al cuarto oscuro, yo hacía lo que quería y lo votaba a Perón”.

Ana Rosario está contenta, y se emociona cuando alguien le pregunta si fue a votar y se encuentra obligada a responder con la verdad. Que sí, fue. “La gente se sorprende, algunos me dicen que por qué no me quedo en mi casa en vez de salir, pero para mí no es un trámite, hoy estoy orgullosa de ir a votar”, asegura.

Esta jubilada de 95 años se extrañó cuando la aplaudieron en su mesa luego de meter el sobre en la urna, y para la sorpresa de los presentes –autoridades de mesa, fiscales y otros votantes- los increpó diciéndoles: “¡che, no se gasten con los aplausos que en octubre pienso volver de nuevo!”.